Jonathan Hernández

ALMANAQUE ó El gabinete de un aficionado

 
 
 

El 2020 comenzó para Proyecto Paralelo con la exposición GALERIA NACIONAL de Jonathan Hernández. La exposición ciertamente provocadora era de alguna forma un repaso a las vinculaciones entre cultura y política que se han dado a lo largo de nuestra historia reciente. Doce días antes de que esa exposición concluyera llegó la pandemia obligándonos a cerrar las puertas de la galería y a encerrarnos en nuestras casas. Esos doce días “perdidos” van a ser de alguna manera recuperados en Almanaque ó El gabinete de un aficionado. Un ejercicio expositivo de riesgo concebido como un necesario cierre de ciclo de un año aparentemente sin fin, y en el que exponer representa para el artista atravesar personalmente un cúmulo de eventos, situaciones, transformaciones y reconfiguraciones a los que todos hemos estado sometidos desde el mes de marzo.

El subtitulo de la exposición –que hace un guiño a la novela de Georges Perec donde alcanzamos a leer una suerte de bajo relieve casi invisible: “toda obra es un reflejo de otra”- se refiere al método natural mediante el cual Jonathan Hernández se ha dedicado a la contemplación del desastre en cámara lenta y a su posterior disección. A partir de la recolección de evidencias, procesos de reflexión introspectivos y una aguda capacidad de observación, el artista nos presenta este gabinete que condensa de manera informal -pero no por eso menos intencionada- lo que han sido los últimos ocho meses de este particular año.

Durante toda su carrera Jonathan Hernández ha dedicado una atención especial a los diversos contextos de vulnerabilidad en los que nos encontramos cotidianamente tanto a nivel individual como social. Inició la serie Vulnerabilia hace veinte años recopilando y agrupando imágenes de la prensa en donde la fragilidad humana es la columna vertebral de ese archivo en permanente construcción. La situación de pandemia se ha convertido de pronto en un reflejo inminente y brutal de esa situación que nos acompaña día a día. 

Aún así, no se trata exactamente de una exposición acerca de la pandemia, pero en este gabinete el paisaje exterior se convierte en el horizonte interior donde la práctica y el ejercicio del arte se transforman en un método de supervivencia al qué recurrir en medio del caos, en una forma de gimnasia que desarrolla la capacidad de adaptación al presente, al futuro inmediato y a la incertidumbre reinante. La propia situación de confinamiento exacerba los procesos naturales de ser y hacer agudizando la puntería. Las armas y herramientas no cambian, pero sí se vuelven más afiladas, más personales: el humor cáustico y dosificado, pero también la disección del lenguaje y el recurso a la escritura como una forma de nombrar y re-nombrar el mundo, sus circunstancias y su devenir. 

Almanaque ó El gabinete de un aficionado es, más que una obra, un proceso de registro y memoria de este 2020, una suerte de recuento disléxico donde el peso y la gravedad mutan en certera ligereza a través del humor, un inventario liviano pero profundo en sus lecturas y connotaciones.